Black Hole Sun y el cansancio de las máscaras
No todas las canciones buscan ser comprendidas. Algunas simplemente apelan a una emoción. Esta es una reflexión sobre Black Hole Sun y el extraño poder de sus contradicciones.
Hay canciones que envejecen, otras simplemente permanecen como un símbolo.
Black Hole Sun, de Soundgarden y escrita por Chris Cornell (20/07/1964 - 18/05/2017), pertenece a la segunda categoría.
Escucharla hoy en día sigue provocando una sensación extraña, muchas veces difícil de explicar. No es tristeza, tampoco es nostalgia en el sentido convencional. La canción parece suspendida en un estado emocional extraño: una mezcla de cansancio, contemplación y deseo de transformación.
Parte de su fuerza proviene de que está construida sobre contradicciones, liricas e incluso un título casi imposible de descifrar en lenguaje común un oxímoron poco usual.
Es un sol que ilumina al mundo con la ausencia de luminiscencia, que absorbe la luz del mundo, al mismo tiempo que lo ilumina. Es una imagen muchas veces poética que busca apelar a las emociones de una manera intuitiva. Sentimos el significado, aunque este nos aleja de nuestra comprensión sobre él.
Lo mismo sucede con muchas de las frases utilizadas en la canción. Chris Cornell utiliza imágenes que funcionan como sueños, empapadas de surrealismo y emotividad. No buscan describir una realidad objetiva; sino hacer una combinación simbólica con las palabras para crear viajes cortos o interpretaciones que van más allá de lo cotidiano.
Un ejemplo de ello es la expresión ¨walking sleep¨, esta produce tensión al contener una paradoja. Habla de un sueño que anda caminando, no como un sonámbulo sino como entidad abstracta que va caminando en el mundo.


Una de las posibilidades es que la frase en sí solo busca (o no) el crear una representación del ser humano como un ente que vive la vida sin una autopercepción o conexión de lo que existe dentro de él. Es decir, solo se deja llevar por la corriente de su mera existencia.
Las máscaras de la vida cotidiana en las que buscamos encajar dentro de un papel o una representación, que tal vez es solo una obra de teatro, en la cual decidimos creer como propósito.
El videoclip dirigido por Howard Greenhalg, acompaña el surrealismo y la simbología de la música de una manera impecable.
Los rostros aparecen deformados por sonrisas imposibles. Los suburbios parecen perfectos y aterradores al mismo tiempo. Todo luce familiar, pero ligeramente desplazado, como ocurre en los sueños. La normalidad se convierte en una caricatura grotesca de sí misma.


Es casi imposible no observar una crítica a la necesidad de encajar dentro de moldes establecidos, donde es necesario a veces conducirnos con lo que corrientemente llamamos hipocresía.
El dar una visión aceptable y constante de nosotros mismos, junto al cinismo de nuestro entorno. Muchas veces adaptándonos a una versión de nosotros mismos que contradice nuestra propia esencia.
Por eso el estribillo resulta tan poderoso.
“Black hole sun, won’t you come?”
La frase puede interpretarse como una petición de destrucción. Sin embargo, quizá funcione mejor como una petición de transformación.
No se trata de que el mundo desaparezca, sino de hacer desaparecer la ceguera que nos ha hecho buscar encajar en los moldes de la vida cotidiana y darnos una oportunidad de ser nosotros mismos sin necesidad de ser señalados o alienados.
Eliminar las máscaras, la simulación, las sonrisas falsas, la actuación permanente.
En ese sentido, la canción se puede interpretar como la posibilidad de un nuevo comienzo, una metamorfosis en el sentido más amplio del término.
El decidir dejar caer todo para que vuelva a ser construido, pero esta próxima vez más puro, fiel y auténtico a lo que nos hace humanos.
Y dejar las apariencias atrás
Tal vez por eso Black Hole Sun sigue resonando décadas después. No porque explique algo. Sino porque expresa una sensación que muchas personas reconocen y pocas saben nombrar.
La sensación de estar cansados de actuar.
Y el deseo, aunque sea por un instante, de volver a ser reales.
Y.M.

